#supermartes



Como los caucus de Iowa o las straw-pol, la carrera presidencial de los Estados Unidos llega a un otros de sus genes de su cultura política: el #supermartes. Lo más parecido a lo que pasará la noche electoral del 6 de noviembre: 10 campañas sobre el terreno, algunas con resultados muy ajustados, otras menos: con el objetivo de ganar posiciones de cara a la Convención Republicana de Florida, que a finales de agosto que coronará el candidato, en la que Marco Rubio, VPnominable, y Jeb Bush harán de maestros de ceremonias. Aún faltan unos meses, pero la escenografía saliente de esta convención dará pistas importantes para 2016.

La carrera para la nominación republicana parece caracterizada por dos fenómenos:

– La falta de un liderazgo continuador que recoja la bandera del movimiento horizontal generado en torno a los Tea Party Patriots: la retirada de Michelle Bachman y el paso a la retaguardia de Sarah Palin ha contribuido de manera importante. Rick Santorum le ha puesto una sonrisa a los valores fundamentalistas: ha dado vigor al movimiento.

– La tendencia a imitar la guerra “fraternal” demócrata de 2008 entre el establishment clintonista y el obamaggedon entre los seguidores de Romney y Santorum. A pesar de que las espadas están en alto y aún quedan patadas para darse bajo la mesa, la sangre no llegará al río.

Los dos candidatos se complementan: el pragmatismo y la esencia; Romney genera dudas en la sociedad religiosa y Santorum les entusiasma. Santorum ha cogido la voz más fanática que había quedado huérfana con la marcha de Bachmann. Romney está en disposición de convencer votantes independientes, desengañados y conservadores pragmáticos. Juntos representan la opción más real a una posible derrota de la Casa Blanca de Obama.

En unas horas se escenificará que Newt Gingrich, que comenzó este viaje erigiéndose como #Reaganconservative, pese a su habilidad y control de oratoria y los debates, sigue sin saber sonreír y abraza al fundamentalismo islamófobo y los despropósitos para intentar hacer oír su voz. De momento, aparte del endorsement envenenado de Sarah Palin, sólo conseguirá ganar Georgia. Su final está cerca.

Ron Paul tiene el mérito de haber ilusionado, alentado y ha vuelto a hacer creer al voto más joven que lo imposible “está a su alcance”. Su estilo de juego limpio, de no ensañarse con los adversarios. El hecho de ser el más grande despierta una corriente de simpatía y ternura gigante y habrá que darle un trato y una salida MUY digna. Veremos si la dignidad se impone a la dinámica cainita de las maquinarias electorales

Sarah Palin en cambio, tiene la nostalgia del pasado y quisiera jugar otro rol que el de invitada de piedra y guardiana de las esencias. Su SuperPAC está muy activo y conociendo el talante de la candidata, no se descartan movimientos de última hora en la Convención. Sus cartas y su relato pasan por una convención caótica y un enfrentamiento visceral sin retorno de los dos candidatos mejor situados para aparecer como la nueva mesías.

Mientras el equipo de Obama mira por el retrovisor y está más nervioso de lo habitual: no se explica de otra manera que estén marcando y haciendo pressing a Romney como si fueran un candidato más a las primarias republicanas. “Déjalos que se destruyan entre ellos. Mientras ellos juegan, tú estás liderando un País y reactivándolo económicamente!” No sólo eso, sino que la Casa Blanca ha anunciado que el Presidente hará hoy una de las comparecencias habituales ante la prensa y se someterá a sus preguntas. Desde octubre pasado que no lo hacía.

Alguna de las claves de la noche electoral la volvemos a encontrar en el voto latino. Los entornos y los laboratorios republicanos no se cansan de repetir que el voto natural de los latinos es republicano (religioso, familiar y valores). Pero sus campañas contra la ley de inmigración, hacen que las expulsiones de ilegales de la Casa Blanca, sean un mal menor. Además Obama sonríe -como nadie- y canta.

Obama cambia la coalición que le dio la victoria, por la de una hoja de servicios en economía: clases medias.

Los republicanos, quieren una reducción contundente del presupuesto federal, excepto en el Departamento de Defensa. Los halcones del Pentágono y sus altavoces republicanos del Congreso ansían poner Irán en la diana. A pesar de saber que un presidente en guerra nunca ha perdido unas elecciones norteamericanas.


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Acerca de Aleix Cuberes i Díaz

Public Communication consultant, Political analist, traveller, marathonman, attracted by courageous leadership
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