El día en que el Reino Unido se emocionó


Tres momentos emocionales que marcarán a los respectivos personajes. Por orden cronológico:

1) Discurso de despedida de Gordon Brown

Relajado. Consciente de haber hecho todo el trabajo que estaba a su alcance. En ningún momento da la sensación de tristeza o de pérdida. Ha sabido encajar la situación con un estilo muy british, muy profesional. El resultado no le ha acompañado.

A su lado una Sarah Brown, su pilar fundamental, poco expresiva y muy seria que también está presente en el momento del adiós. El simbolismo es muy poderoso. La imagen de la despedida con los niños, mientras se dirigen caminando al coche, con los aplausos de fondo, de la misma prensa que le ha mordido tantas y tantas veces, demuestra que, aunque muchos digan lo contrario, Brown es el peor Primer Ministro de la historia.

El estado de ánimo de Brown es la de aquella persona que sabe que a partir de ahora tendrá tiempo, todo el tiempo. Deja atrás la tensión, la presión y los miedos inherentes a la vida pública. Ahora tocará adaptarse a una nueva vida que hace muchos años que desconoce y no recuerda. Nada de reuniones, agenda liberada, sin llamadas importantes y urgentes. Y sobre todo acostumbrarse a no estar en la primera línea del foco informativo y político.

Esta última no le costará nada. Brown no ha estado nunca cómodo ante los periodistas, los medios y las cámaras. Su cerebro funcionaba a pleno rendimiento detrás de las cámaras y bastidores, sin actuar. Deja de ser tan influyente como hasta ahora y tendrá que buscar su lugar otra vez.
Atender a la sufrida mujer y familia. Escribir y seguir la actualidad y descansar en el
Olimpo de los Primeros Ministros. Un honor al que sólo los elegidos pueden llegar.

En pocas horas el 10 Downing Street ha empaquetado sus pertenencias y espera impacientes recibir al nuevo inquilino. Se acabó otra etapa y empieza una nueva.


2) El primer discurso de David Cameron como PM

Es el más joven aspirante al Olimpo y lo ha conseguido. La historia le espera con los brazos abiertos.

Ha impuesto un ritmo frenético en las negociaciones con los Lib-Dems para formar gobierno. Ha hecho el trabajo bien y además ha ganado. Llega presidencial y eufórico, cogido de la mano de su mujer (que en el momento del discurso se queda en un discreto segundo plano). Se propone hacer su primer discurso coma PM.

Su cara, sus gestos y su discurso memorizado (sin prompter) son las del ganador. Sus palabras suenan bien: “unidad, todos juntos, afrontar los retos …”. Solemnidad y presidencialismo. Ilusión. Honra su predecesor.

Termina el discurso, se acerca a su mujer (embarazada), pero en el momento que él quiere hacerle un gesto amoroso, ella no corresponde (nervios por el foco de atención?). Su gente y los funcionarios del número 10 reciben a la pareja con sentidos aplausos: el nuevo Dios ha llegado.

Consultará regularmente con sus antecesores en el cargo. No importará que sean laboristas o conservadores. El Olimpo es el Olimpo y no entiende de ideologías. Sólo entiende de decisiones, de necesidades, de emergencia y crisis y de resultados para ayer.

Le vienen aún más trabajo, más presión, más influencia a la vez que se le acaba la poca vida personal y familiar que tenía. Una nueva etapa acaba y otra que comienza.


3) Primera comparecencia de Nick Clegg una vez confirmado el pacto con los Tories

Es el árbitro. La persona imprescindible sin la cual ninguna de las imágenes del momento sería posible. Contrastando con un Brown relajado y un Cameron pletórico, él no sonríe. Su discurso es tenso y nervioso. No l’acompanya la seva dona. És l’únic que no anirà acompanyat.

No ha sido fácil llegar hasta aquí, y como la historia lo ha colocado en el centro del escenario, ha tenido que empezar atomar decisiones, aunque algunos miembros de su partido y muchos votantes hayan quedado desconcertados por sus primeros movimientos.

Llega la hora de la verdad. La hora en que deberá dejar la facilidad opositora para arremangarse las mangas de la camisa, taparse la nariz (alguna vez) y gobernar la complejidad social y sus demandas, crisis y necesidades.

No lo tendrá fácil: a pesar de los 6.5 millones de votantes, son considerados en la actualidad los “menores”, “los nuevos”. El establishment y la burocracia administrativa están preparados para engullirlos.

Deberá hacer valer su peso en oro para que se cumplan los acuerdos, sobre todo la esperada reforma electoral, que es donde se juega el futuro de su formación y de  su persona. Estará atento a las dificultades con sus compañeros de gobierno, a una oposición laborista con muchas ganas y un público que será muy exigente.

De ahí que uno de los triunfadores de la noche no sonría ni transmita emociones de victoria y satisfacción. ¿Habrá lugar en el Olimpo para él? Acaba otra etapa y empieza una de nueva.

Enviado por Toby Ziegler

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Acerca de Aleix Cuberes i Díaz

Public Communication consultant, Political analist, traveller, marathonman, attracted by courageous leadership
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