Gordon Brown: ¿valiente y generoso?


“La política está llena de oportunistas, trepas, incapaces y vedettes pegadas a una silla oficial”. Es una aseveración dura y real que refleja el estado de la cosa entre una parte de la ciudadanía. Otras personas añadirían también que este diagnóstico se complementa con una ciudadanía adormecida y nada exigente respecto a su clase política.

Ayer en cambio fue un día de excepciones. Gordon Brown, el candidato laborista en las últimas elecciones generales británicas, anunció que deja el liderazgo del partido (alguien se preguntará si realmente lo tuvo nunca) y abría así las puertas a un proceso tranquilo para la renovación de caras y de liderazgos. Un gesto poco habitual en política.

Dentro del mundo político, la generosidad es una rara habis. Y ayer Brown hizo un gesto que traspasó sus propias palabras e intenciones. Con una escenificación relajada ya la vez aliviada (estados de ánimos poco comunes en la comunicación política y menos aún en el personaje) Brown parecía pasar página con un tono de estadista y presidencial, como pocas veces ha sabido demostrar antes.

Por un lado pasaba página a una corriente de opinión generalizada que le ridiculizaba como líder y extendía rumores sobre su estado de salud y sus capacidades, y a quien auguraban un futuro handicapado. La oposición, el main-stream media y personalidades destacadas de su propio partido eran los receptores principales de su comparecencia.

Por otra parte escuchábamos un Brow generoso, que hacía el primer paso para salir de la escena pública, buscando las máximas opciones para su formación (que durante mucho tiempo no le “amó”). Decisión que complica y de qué manera las negociaciones de los Lib-Dems con los Conservadores. Y que sitúa al Labour otra vez en el centro del tablero. Los resultados electorales de Brown han sido lo suficientemente dignos:

– enderezar los últimos meses de gestión del gobierno de Blair,
– salir y escapar de la sombra de Blair e ir construyendo su propio perfil y ritmo,
– reorientar la política respecto de Iraq,
– afrontar la crisis financiera,
– remontar en las encuestas,
– y rehacer puentes de diálogo con los
blairitas, a la vez de soportar fuegos permanentes y rebeliones dentro de casa.

Evidentemente se trata de un liderazgo gris, de despacho, poco acostumbrado a los nuevos tiempos y a los nuevos formatos, un liderazgo que tenía que ser diferente al hiperliderazgo de su antecesor en el cargo y en el partido.

Ha sabido empezar a escenificar la retirada antes de que sus propios el sacrificaran en público. Se trata de un gesto de autoridad y de iniciativa que devuelve al Labour a la centralidad. Veremos dónde conduce exactamente este gesto. La pelota ahora la tiene Nick Clegg tras una asistencia magistral de Xavi (Gordon Brown).

Sí que estaría bien que aquellos que le quieren mover la silla estuvieran a la altura y le dieran una salida digna. ¿Alguien cree que con otro candidato las cosas hubieran ido de otra manera?

Enviado por Toby Ziegler

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Acerca de Aleix Cuberes i Díaz

Public Communication consultant, Political analist, traveller, marathonman, attracted by courageous leadership
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