Obama frente a Al-Qaida


El intento -parece que confirmado- de Al Qaeda de “hacer volar por los aires” un avión con destino Detroit, ha vuelto a situar sobre la agenda política norteamericana, y de rebote en la agenda internacional, un invitado latente pero inesperado en la actual conyuntura: la lucha contra el terrorismo internacional.

Se trata de la issue de las issue americanas, a su lado incluso la reforma sanitaria pasa a una tercera división: el debate de la seguridad y la defensa nacional. Aquí los republicanos juegan en casa, se sienten fuertes y no necesitan ningún tipo de lobby para marcar el paso y el discurso a los demócratas.

La reacción de la Casa Blanca no se ha hecho esperar, con un aspecto serio, y sin corbata, el Presidente:

– Ha reconocido el peligro,
– ha hablado de aprender y mejorar a partir de este incidente (¿humildad?),
– ha manifestado su compromiso con la derrota del enemigo, de hacer los posibles para garantizar la seguridad y la protección de las familias
– pero lo más sorprendente de toda la intervención ha sido la ausencia de alusiones al miedo, al temor, al terror y a la amenaza que este tipo de acciones suponen.

Se ha distanciado de su antecesor en el cargo cuando ha hablado de “hacer cumplir la legalidad con los aliados internacionales”, “de una actitud vigilante pero confidente a la vez”, y sobretodo cuando ha puesto especial cuidado en hablar de “un contexto sin miedo, sin divisiones, con unidad y basado en la sociedad abierta de valores que representa Estados Unidos”.

El cambio es significativo. Se ha pasado del “America under Terror attack” a un discurso “America under Hope”. El frame es otro. Y la intención es clarísima: huir del terreno donde mejor se mueven los republicanos y donde ganan siempre. La fórmula actual: reacción, firmeza, humildad, confianza y llama en positivo.

Se está jugando la alta política. A esto Dick Morris lo llama “triangular“: coger las issues de los adversarios y hacerlas tuyas de una manera propia, dejándolos en una siutación de difícil reacción. Queda claro que los republicanos serían suicidas si quisieran cuestionar las decisiones de seguridad del presidente. Pero no sería la primera vez que rompen los esquemas y la jugada les sale victoriosa. Será interesante observar su reacción.

En estos momentos donde la popularidad de Obama empieza a repuntar, jugar bien la carta de la seguridad nacional sería un buen golpe de efecto, premio Nobel incluido.

Enviado por Toby Ziegler

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Acerca de Aleix Cuberes i Díaz

Public Communication consultant, Political analist, traveller, marathonman, attracted by courageous leadership
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